Elegir colchón no es cuestión de suerte. Con cinco factores claros —firmeza, materiales, altura, medidas y transpiración— aciertas seguro. Te lo explicamos al grano.
Es el factor que más influye en el descanso. Un colchón demasiado blando deja que las caderas se hundan y arquea la zona lumbar; uno demasiado firme crea puntos de presión en hombros y caderas. El objetivo es un soporte que mantenga la columna recta y relajada.
Tienes el detalle en nuestra guía de firmeza según cómo duermes.
Los muelles ensacados ganan en transpiración, soporte por zonas e independencia de lechos (si tu pareja se mueve, tú no lo notas). La viscoelástica aporta una acogida más envolvente. Lo ideal: muelles ensacados con un topper viscoelástico, que combina lo mejor de ambos. Lo comparamos en muelles o viscoelástica.
A más peso, más altura y firmeza necesitas: por debajo de 20 cm el soporte suele quedarse corto para adultos. Y si duermes acalorado, prioriza la transpirabilidad: los muelles dejan circular el aire y disipan el calor mejor que un bloque de espuma.
Deja unos 15 cm por encima de tu altura y, en pareja, apuesta por 150 cm de ancho o más. Un colchón pequeño se nota cada noche.
La firmeza adecuada a tu postura y peso, y una buena transpiración. Un colchón de muelles ensacados con 7 zonas acierta en la mayoría de casos.
La firmeza media funciona para la mayoría. Sube a media-firme si pesas más o duermes boca abajo; baja a media-blanda si duermes de lado o pesas poco.
Entre 8 y 10 años. A partir de ahí pierde soporte y conviene cambiarlo.
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4 preguntas y te llevamos al modelo exacto.